EN MEMORIA DE PAULINA BIOY CASARES PDF

Bioy Casares - En memoria de Paulina. Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. A Paulina le agradaba que yo recibiera amigos. Confieso que esas reuniones no me alegraban.

Author:Fekora Tygojora
Country:Switzerland
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):28 August 2015
Pages:394
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ISBN:628-3-87597-179-5
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Paulina me dijo: Me gusta el azul, me gustan las uvas, me gusta el hielo, me gustan las rosas, me gustan los caballos blancos. A Paulina le agradaba que yo recibiera amigos. Confieso que esas reuniones no me alegraban.

Montero lo vio de noche. Era un caballo salvaje, con las manos en el aire y la crin levantada. Empezaron a llegar los invitados. Cerca de la ventana, mi novia hablaba con Montero. Oblicuamente vi a Morgan entrando en mi cuarto. Me voy. Le dije: —Has olvidado mi regalo.

Aquella semana casi no vi a Paulina. No necesito hablar para que sepas lo que siento. Todo era absurdo. Estaba muy triste, pero no creo que sintiera celos. Estoy enamorada de Julio. Era Montero.

Rayos de luz lila y de luz anaranjada se cruzaban sobre un fondo verde, con boscajes oscuros. Con un esfuerzo pude sobreponerme. Paulina dijo: —Me voy.

Julio me espera. La calle estaba seca. El destino me deparaba toda la dicha y yo no estaba contento. Por eso casi no hablamos. Hablar, hacer preguntas hubiera sido, en cierto modo, diferenciarnos.

De pronto hice un descubrimiento. Nunca la puse en el dormitorio. Aterrado, quise mirar de nuevo esos recuerdos. Tal vez la reflejaba, pero de un modo vago y sumario. Eran las cinco. Ahora sacaba del fondo de la taza los pedazos de pan.

No pude ocultar mi asombro. Morgan se acordaba. Sin embargo, ahora lo recuerdo: se miraba en el espejo. Tengo un vago recuerdo de haber forcejeado con una llave; de haber recogido unas cartas, del otro lado de la puerta; de estar con los ojos cerrados, tendido boca abajo, en la cama. Nunca estuvimos tan cerca. Quisiera descubrir ahora que me equivoco de nuevo. Estos, por su parte, la confirman. No hubo fantasma de Paulina. Sin embargo, los indicios no faltaron. Por ejemplo, la lluvia.

Otro indicio es la estatuita. La imagen proyectada por Montero se condujo de un modo que no es propio de Paulina.

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