EL PROCESO DE CRISTO BURGOA PDF

Ignacio Burgoa Orihuela. Monografa Jurdica Sinptica. Nunca ha dejado de tener actualidad. En cada Semana Mayor se le conmemora. Sobre l hay una abundante literatura que recoge diferentes ideologas religiosas, mismas que, a travs de pticas variadas, lo analizan y comentan diversamente. Mltiples insignes escritores, desde la antigedad hasta nuestros das, han elaborado enjundiosos estudios respecto de las cuestiones mitolgicas, sociales y polticas que su permanente tratamiento suscita.

Author:Gukora Arashikus
Country:Indonesia
Language:English (Spanish)
Genre:Photos
Published (Last):19 July 2008
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Los sabios y los justos del Antiguo Testamento conocan ya el precio del dolor: "Mejor es ir -dice el Eclesiasts- a la casa del luto, que a la del festn, pues en aqulla se recuerda el paradero de todos los hombres". El sufrimiento no tiene en s ningn valor moral: no es el diamante, sino su montura. El diamante es la resignacin que hace abrazar el sufrimiento en unin con el Cristo doliente. Esta tristeza segn Dios lleva en s misma un germen de consuelo y se convierte para nosotros en una fuente de dicha, ya sea que provenga del sentimiento de nuestras miserias, ya sea que tenga por causa la injusticia de los hombres o las fuerzas ciegas de la naturaleza".

Bienaventurados los que han hambre y sed de justicia, porque ellos sern hartos. Esta Bienaventuranza coincide substancial mente con la primera.

El "hambre y sed" a que se refiere concierne a la injusticia humana, es decir, a la que se comete por el ser humano contra su congnere, y el adjetivo "hartos" alude a la justicia de Dios a que debe aspirar toda criatura.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarn misericordia. La "misericordia" es la compasin, la participacin anmica en el dolor y en las penas ajenas.

Se opone a la crueldad, al gusto vil y a la alegra por los males que sufre el ser humano. Bienaventurados los limpios de corazn, porque ellos vern a Dios. La "limpieza cordial" equivale a las cualidades morales del hombre, a sus virtudes y a su magnanimidad, contrarias a los pecados, al egosmo, a la negacin del amor al prjimo y a la proclividad por daado.

Bienaventurados los pacficos, porque sern llamados hijos de Dios. Los "pacficos" no son los "quietistas", los indiferentes o ablicos, sino los que se oponen a la violencia, los que aspiran a la concordia entre los hombres, los que luchan por la paz.

Bienaventurados los que padecen persecucin por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. En esta expresin la Justicia" no es el valor supremo dentro del mundo axiolgico y al que la Humanidad ha aspirado, sino los Jueces y tribunales" que lo violan basados en la prepotencia y en lo que don Miguel de Cervantes, por voz del Caballero 13 de la Triste Figura, denomina la "ley del encaje que suele tener mucha cabida en los ignorantes que presumen de agudos.

Esta bienaventuranza es la prediccin de los sufrimientos y de la muerte de los cristianos que lucharn por sus creencias contra los enemigos de Jess en la historia de la Humanidad, comenzando con los primeros mrtires de la Cristiandad.

En el fondo substancial de las citadas bienaventuranzas palpita el excelso sentimiento del amor, que es la "Caritas" o "caridad" que no debe confundirse con la limosna. Amar al prjimo es el impulso del alma para procurar el bien a los hombres no slo con una simple intencin, sino con una conducta activa en todos los rdenes sociales y a todos los hombres de la tierra.

El amor cristiano es universal y no se contrae slo a los amigos, sino que se extiende a los enemigos, contrariamente a la proclamacin del Antiguo Testamento en el sentido de aborrecerlos.

Las enseanzas del Salvador, tendientes a universalizar los postulados que deben regir la conducta de los hombres, son las que todo cristiano debe cumplir. La actitud cristiana no slo debe observarse en la vida subjetiva o inmanente del hombre ni nicamente se traduce en la mera intencin de cumplir las enseanzas y exhortaciones de Cristo, sino que esencialmente estriba en la adecuacin del comportamiento externo o trascendente a los postulados que integran su doctrina.

La religin cristiana no es contemplativa, pasiva o esttica, sino eminentemente activa en cuanto que sus profesantes tienen la obligacin de practicar sus mandamientos en los distintos mbitos de su vida y en las diferentes relaciones que la configuran.

Esta obligacin se manifiesta en el polifactico deber del cristiano de conducirse como tal en cualquier actividad que desempee y en cualquier posicin que ocupe. El Cristianismo no es una religin confinada en los claustros ni en los templos ni solamente observable en los ritos, en ceremonias litrgicas y en el culto. Por lo contrario, los principios cristianos, las ideas morales que involucran y los valores espirituales que proclaman, deben ser la base de las estructuras sociales dentro de las que pretenda lograrse el mejoramiento y la superacin de los grandes sectores humanos de un pueblo.

La esencia teolgica cristiana no se traduce en una resignacin 14 ante la adversidad, lo negativo e injusto que genera una estril consolacin, sino en un continuo combate y en una lucha incansable por obtener la realizacin objetiva de los postulados del Salvador. Amar al prjimo no implica nicamente no daarlo ni simplemente entraa el deseo por su bienestar, sino tambin actuar para favorecerlo, mejorado y defenderlo; y si ese "prjimo" est representado por una colectividad humana que sufre y padece miseria y pobreza, incultura e insalubridad, el amor cristiano impone el deber a todo el que lo sienta sin hipocreca ni falsedad para contribuir positiva y objetivamente a remediar esas lacras sociales.

Ese deber importa, a su vez, la renunciacin al egosmo estrecho e individualista que degrada al hombre, es decir, la elevacin de ste al campo de la filantropa y el altruismo que son, en el fondo, actitudes autntica mente cristianas, aunque quienes las practiquen no confiesen su fe en Cristo, tengan una religin distinta o no profesen ninguna, pues no debe olvidarse que para la doctrina del Hombre-Dios la observancia de las formas sin el contenido sustancial de la conducta objetiva, es farisesmo y falsa, o sea, la negacin misma del Cristianismo.

Sera contradictorio, por no decir absurdo, que solamente en el templo, en los ritos y ceremonias se observaran los postulados preconizados por Jesucristo y que en la vida pblica, en las relaciones sociales y en cualquier otra actividad externa del hombre, tales postulados se violaran o dejaran de cumplirse. La condicin de cristiano es un imperativo que denota totalidad en el comportamiento. No debe haber "cristianos a medias" que, por la falacia que esta situacin implica, no son cristianos verdaderos aunque se ajusten estrictamente a las formas del culto.

Merced a esa deontolgica totalidad, el cristiano debe intervenir activamente en cualquier esfera para impedir que se quebranten los principios tico-sociales del Cristianismo, que son de validez universal, y para lograr que imperen en las conductas individuales y pblicas.

Esta reflexin nos impele a corroborar la idea de que los cristianos, como sujetos individuales, tienen el deber de intervenir en la cosa pblica a ttulo de ciudadanos de un Estado. Tal deber no slo no se opone a su condicin religiosa, sino que deriva puntualmente de las exhortaciones de Jess y de las obligaciones que sus enseanzas imponen a los hombres. La tajante pregunta que se formul al Salvador fue sta: "Quin te ha dado autoridad para hablar en nombre de Dios y contra la ley de los profetas?

Yo he hablado sin cesar en pblico. He ido a predicar constantemente donde quiera que haba mucha gente, y nada he enseado en secreto. El templo y la sinagoga han odo sin cesar mi voz, y pueden juzgar de mi doctrina", y refirindose a Ans, le dijo: Qu me preguntas, pues, a m, si mi testimonio ninguna fuerza debe hacerte? Pregntale a aquellos que me han odo, puesto que no te ser difcil hallados y stos te contestarn".

Debemos advertir que Gamaliel ocupaba el alto cargo de "gran pontfice" designado curiosamente con el nombre de "NASI. Este eminente personaje del proceso de Cristo, al responder una increpacin que le hizo uno de los ms furibundos enemigos de Jess, Onkelos, afirm: "En esta causa se atropella toda ley, toda tradicin, y el Sanhedrn, la suprema autoridad de Israel, est ahora puesta en manos de unos intrigantes ambiciosos", y presintiendo el mismo Gamaliel la muerte de Cristo, lanz esta demoledora frase, que debe ser considerada clebre: "Jess de Nazaret morir y tambin la honra y el prestigio del Sanhedrn".

Jos Palls, el autor que hemos invocado con frecuencia, imputa a este distinguido miembro del Sanhedrn un extenso alegato que es una extraordinaria pieza jurdico-literaria. En l se precisan, con elocuencia impresionante, las violaciones a la ley juda que se cometieron en el proceso de Jess.

Sin hiprbole, se puede afirmar que la defensa del Salvador, atribuida a Nicodemus por Palls, es una de las ms clebres que registra la historia de la oratoria forense. Pese a su amplitud y para no mutilada, la reproducimos ntegra a continuacin. Vengamos, pues, seores, dijo Nicodemus, al estudio detallado de la cuestin y veamos si el Sanedrin ha procedido en la causa de Jess, conforme a lo que prescribe terminantemente la ley, conforme lo que ensea la inveterada costumbre del pueblo y por ltimo, conforme lo que muchos de vosotros enseis en las escuelas de que sois maestros.

Y como se trata de jueces que deben conocer fondo la ley y como me dirijo hombres que son doctores en ella, resultar necesariamente que una falta tan ostensible y grande en tan gran nmero de jueces sabios y maestros, no puede proceder ni de ignorancia, ni de olvido, ni de mala inteligencia, sino que el motivo debe buscarse en otra causa que os ahorrar el disgusto de orme repetir, Si logro, pues, probar la falta contra la ley que os indico, no solo quedar probada indudablemente la inocencia de Jess, sino que yo me hallar plenamente justificado de las inculpaciones que se me pudieran dirigir y libre del castigo severo que, no siendo as, me hara justamente acreedor.

La ley ordena terminantemente que se entienda en todas las causas, particularmente en las criminales, la luz del da; prohbe que esto se haga con las puertas cerradas, y da por nulas las sentencias de muerte que no se 17 dicten en el cnclave Gazith, la sombra del Santuario, y con las imponentes y terribles formalidades prescritas para el caso. Ahora bien; necesitar preguntaros si esto se ha hecho en todo en parte en la causa de Jess de Nazareth? Necesitar deciros que esta casa no es el cnclave, donde solo puede reunirse el tribunal para sentenciar; que estamos lejos de la venerada sombra del Santuario; que nos hallamos en plena noche; que para complemento de ilegalidades las puertas de esta casa se hallan cerradas, y que faltando la luz del da, la sala Gazith, el Santuario, el pueblo y todos los accesorios indispensables, no se puede dar la sentencia el carcter exigido por la ley, no se puede promulgar con el terrible aparato que la ley ordena, no se puede dictar con las formalidades que exige de nosotros el Altsimo?

En qu hallamos que esta sesin est dentro de la ley? Qu miramientos se tienen, qu respetos para con la primera base del procedimiento criminal, base puesta en primer lugar, porque es el escudo de las de mas, es la garanta del acusado, del pueblo y hasta de los jueces? Y si esta base se falta tan notablemente, si todas las disposiciones legales que se refieren a ella, todas, absolutamente todas, se hallan pisoteadas, cmo queris que yo, defensor de Jess de Nazareth, en cuya causa entendis, pasando por encima de la ley; yo, miembro de este tribunal, y celoso tanto como el que mas de la justicia y de la gloria del Sanedrin; yo, humilde sacerdote del Altsimo, cmo queris que deje de deciros que una falta tan absoluta no puede proceder en vosotros ni de la ignorancia, ni del olvido, ni de la alucinacin en la interpretacin de la ley, sino que debe proceder de un propsito decidido de condenar contra toda ley un hombre quien la ley escuda y proclama inocente?

Si queriendo justificaras alegis no s qu razones, yo siempre os contestar: por qu nos hallamos fuera de la ley? Por qu no veo el pueblo apiado en torno de nosotros escuchando con religioso silencio todo lo que se diga en ese tribunal contra Jess de Nazareth? Por qu no nos encontramos en la Gazith; por qu no es de da; por qu el Santuario se halla lejos de nosotros; por qu las puertas de esta casa se hallan cerradas, sino porque tenis el propsito de obrar fuera de la ley, y de condenar en las 18 tenebrosas sombras de la noche un hombre cuya inocencia es mas clara que la esplendorosa luz del da?

Si protestis de vuestro buen deseo, si me encarecis vuestro afn por hacer justicia, yo os contestar que ante todo debis procurar no ser ni parecer injustos y que si tanta es vuestra rectitud, si tan grande es vuestro amor la justicia, debis anular todo lo que se ha hecho, debis retiraros vuestras casas, presentaras al cnclave despus del sacrificio de la maana y all empezar de nuevo la causa, si es que vuestra conciencia no os dice gritos que Jess de Nazareth es inocente; que Jess de Nazareth debe ser desde luego puesto en libertad, despus de darle una reparacin igual las ofensas que le habis hecho.

Pero lo que os indico no lo haris y esto es lo que me palie en el caso de repetiros que, pasando por todo, queris condenar un hombre de cuya inocencia os hallis plenamente convencidos.

Para justificaros solo hallo un medio; es el que os indico y no creo que os hallis dispuestos echar mano de l. No os quejis, pues, cuando os acuse, no os irritis cuando os eche en cara vuestra venganza y la iniquidad de vuestra injusticia, porque yo podr deciros siempre y siempre os lo dir en alta voz: Si Jess es inocente como resulta de las deposiciones de los testigos, por qu demostris tanto empeo en llevarle al patbulo, sino para vengaros de su inmaculada virtud?

Si es criminal, por qu os hacis criminales vosotros, colocadnos del todo fuera de la ley en el acto de juzgar su crimen? Una de dos, seores, Jess de Nazareth es culpable y vosotros os hacis culpables tambin e indignos del puesto que ocupis y dignos de las penas dictadas contra los transgresores de la ley santa del Seor, en el acto de sentenciarle contra todas, absolutamente todas las prescripciones de la ley, Jess de Nazareth es inocente, del todo inocente y vosotros pretendis revestir un horrible asesinato con el ropaje repugnante de una ejecucin legal.

La conclusin es dura, mas es lgica; la consecuencia es horrible, seores, pero es mucho mas horrible lo que pretendis hacer. Y digo dos veces, porque por una parte se falta absolutamente cuanto os he dicho hasta aqu y por otra, ya sabis que la ley prescribe que la sentencia de pena capital debe suspenderse hasta el tercer da, en el que, deben orse nuevas defensas, darse de nuevo los votos y para el caso de ser contrarios al acusado, justificarle en el mismo da.

Adems, en pro de Jess de Nazareth y en contra de vosotros, existe otra prescripcin legal que solo me permitir mentar, no porque no sepa que vosotros la conocis, sino porque con mentarla tan solo basta mi propsito, puesto que mentndola debera hacer el mismo efecto que la Vestal mxima de Roma, cuando se cruza con ella un reo que van ajusticiar.

Estas leyes la que anula todas las sentencias dictadas en los das de fiesta y la gran solemnidad de la Pascua ha empezado en la tarde de ayer. De consiguiente, jueces de Israel, yo, que no puedo suponer que desconocis las leyes, en las que sois doctores, en presencia de las transgresiones de que en una sola causa os acuso, furzame es volver la conclusin y al dilema que tantas veces habis odo de mis labios, durante los breves instantes que con mi defensa os estoy molestando.

S; Jess es inocente y vosotros queris condenarle muerte afrentosa, pesar de su inocencia y pesar de la ley. Necesitar calificar vuestro propsito con los adjetivos que se merece?

Necesitar darle su verdadero nombre? Veamos, pues si respecto ese punto habis estado dentro de la ley mas que en el anterior, en todo lo que concierne la causa de Jess de Nazareth Jueces de Israel, no quiero entrar ahora en los detalles, yo no quiero hacerme cargo de la manera como los testigos acusadores han llegado hasta aqu; esto por ahora no hace mi propsito y es fcil que no me haga cargo de ello en toda la extensin de mi discurso; mas si intento prescindir de un punto tan principal, es sencillamente porque todos los restantes vienen a ser para mi objeto de mucha mas importancia.

Me concretar, pues, estrictamente al anlisis de la base del segundo punto que me ocupa y os preguntar desde luego, si la libertad absoluta y completa de defensa, que la ley concede los acusados, se ha dado tu Jess de Nazareth. A esta 20 pregunta solo hay una contestacin y la contestacin que tiene no es por cierto la que debera tener; esta pregunta nicamente puede contestarse diciendo que, lejos de permitir Jess la mas absoluta libertad de defensa, hse procurado poner todos los obstculos imaginables para impedir que un inocente como el que nos ocupa, tenga ante el tribunal de Israel quien tome su causa con el empeo con que se toman, por los defensores, las causas de los mas viles asesinos y ladrones.

Esto os habis dicho, seores, all en vuestro interior, y cuidado que al atribuiros semejantes razones, las que he tomado de la boca de Caifs, me aseguran en certeza de que no os he calumniado, y me aseguran plenamente en esta certeza, porque si no aprobarais el plan que el pontfice os propuso, ni estarais su lado para secundarle en esta horrible empresa, ni hubirais dejado de protestar solamente contra semejantes propsitos, contra tan nefandas intenciones. Vuestro silencio, y la actitud que desde aquel momento habis tomado, revelan bien las claras que os hacis solidarios de las aviesas tramas del pontfice Caifs, que en esto os dirige; que es, por decirlo as, el alma de tan odiosa trama.

Ahora bien; estando las cosas en el estado en que se hallan, y habiendo cado por traicin en vuestras manos el inocente que os habis propuesto exterminar; hallndoos por otra parte resueltos a exterminarle, para qu habais de admitir las defensas que de Jess de Nazareth se hicieran, si estas defensas solo haban de obtener por resultado la prueba de su inocencia y de vuestra ilegalidad, prueba que deba sonrojaros aun despecho de vosotros mismos?

Formada esta resolucin ilegal, como todas las cosas que se refieren esta odiosa causa, vuestro propsito deba ser el de impedir la defensa, y vuestra consigna promover un altercado y un alboroto, tan pronto como se presentara uno entre vosotros, dispuesto defender la inocencia, decir la verdad, y volver por los hollados fueros de la justicia. Y esto es lo que habis hecho sin rebozo, sin respeto lo que el tribunal se merece y hasta sin miramientos vuestra propia dignidad pues mientras hablaban los testigos acusadores, pues mientras los hombres venales, que hemos visto aqu, se desataban en infames calumnias contra Jess de Nazareth, vosotros callabais, vosotros oais con visibles muestras de complacencia; pero no bien yo, en uso de mi derecho y en cumplimiento de 21 mi deber, empezaba preguntarles para destrozar la acusacin, entonces vuestros rumores, los alborotos que promovais y hasta las amenazas que algunos me han dirigido, llegaban tal extremo, que nunca, desde que el tribunal de Israel fue fundado por Dios, hase presenciado una cosa igual, ni parecida.

Estabais en vuestro derecho oyendo atentamente las deposiciones de los testigos acusadores, pero era de vuestro deber or con la misma atencin, con el mismo inters, con igual silencio las contradicciones en que incurran los acusadores, porque aquellas contradicciones eran la vez la defensa del acusado y la sentencia del acusador calumnioso y atrevido. Y cuando la confusin del testigo llegaba al extremo de reducirle al silencio, de cubrirle de rubor y llenarle de miedo, entonces vosotros, en vez de pronunciar la sentencia del falso testigo, producais un espantoso tumulto, pensando tal vez que de la confusin material deba resultar la justificacin del impostor confundido.

Mas lejos de ser as, la luz sobre la justicia de Jess se haca mas intensa y sala del seno de las dos confusiones, como pudo salir el primer da del seno del revuelto caos, para alumbrar la informe materia. Doloroso me es decirlo, sensible en alto grado se me hace record arlo, porque no me gusta sonrojar nadie y este recuerdo supongo que sonroja todos los que en tan indignas escenas tomaron parte, pero por mas sensible y dolorosa que me sea la memoria que evoco, es mucho mas doloroso y sensible ver que un inocente camina al patbulo y no hacer nada para salvarle, cuando tengo en la mallo los medios que legalmente deben conseguirlo.

Por tanto, permitid, jueces de Israel, que insista en mi empeo; permitid que recuerde de nuevo, que no solo lo que he dicho ha sucedido una vez, dos, tres, sino tantas veces cuantos han sido los testigos falsos que aqu hanse presentado para declarar contra Jess.

No quiero hacerme cargo de las injuriosas palabras que me habis dirigido, por el solo delito de cumplir mi deber, defendiendo un inocente; no quiero acordarme tampoco de las amenazas de que he sido objeto, puesto que como desprecio una vida que tales cosas ha visto, no me intimidan las amenazas que se me dirijen y corno ya no me importa vivir, tampoco el temor la muerte puede quitarme la serenidad ni la decisin.

Por eso puedo ahora preguntaras sin temor y sin zozobra; por eso puedo deciros, cual os lo dira la inflexible voz de nuestra conciencia; "Jueces de Israel: habis cumplido con vuestro deber, habis cumplido con la ley, permitiendo a los 22 acusadores hablar calumniosamente contra Jess y procurando por todos los medios de que os ha sido posible echar mano, impedir que los testigos fueran confundidos?

No habis hecho todo lo posible para evitar esa defensa, para impedirla?.. Y aun ahora mismo, que por la energa del Nasi de Israel se me mantiene en el uso de la palabra, lejos de orme atentamente, no habis procurado promover un altercado, fin de hacerme enmudecer? Es esta la libertad absoluta de defensa que manda la ley y que habindose concedido los bandidos y los asesinos, solo se procura impedir en la causa promovida contra e! Y si las cosas son as y si resulta tan claramente que habis faltado del todo las dos primeras bases del derecho que constituye el procedimiento criminal de nuestro pueblo, podr decirse que os calumnio, cuando os acuso de querer revestir una venganza odiosa en el ropaje de la justicia?

Mas no es esto todo, porque la libertad absoluta y completa de defensa, concedida por la ley al acusado, aun en otras partes, no menos principales que en las anteriores, ha dejado de concederse al inocente que tengo la honra de defender y no solo ha dejado de condedrsile, sino que ha sucedido lo que no tiene precedente en este tribunal, puesto que uno de los jueces mas caracterizados del Sanhedrn, creyendo interpretar vuestros deseos, ha llevado las cosas tan lejos, que ha pretendido hacer que el mismo Jess de Nazareth depusiera contra s mismo y en vez de buscar en sus labios una defensa, ha querido que saliera de ellos una acusacin.

Qu significa, jueces de Israel, que Caifs el gran pontfice haya conjurado por el santo nombre de Dios Jess de Nazareth, para que le contestara una pregunta tan mal intencionada, tan ilegal como capciosa? No significa acaso el propsito firme y decidido de condenarle muerte? No significa que las deposiciones de los testigos acusadores han resultado del todo falsas, y que con propsito deliberado se busca el medio para el cual se le pudiera sentenciar la ltima pena?

Dnde est aqu, pues, la libertad de defensa, cuando el gran sacerdote se esfuerza en inutilizar las pruebas de la inocencia de Jess, que han resultado necesariamente de las interrogaciones de los testigos acusadores? Se establece contra Jess de Nazareth una jurisprudencia particular, una jurisprudencia ilegal, una jurisprudencia que bien puede llamarse la jurisprudencia de la venganza.

Resulta inocente el acusado y lejos de ponerlo desde luego en libertad, lejos de atender los resultados de la confusin de los testigos, lejos de hacer valer los efectos que ha resultado de dicha confusin, buscais un recurso para sentenciarle y contra viento y marea pronunciais una sentencia ilegal, incua, improcedente como todos los actos de esta causa execrable.

He ah, jueces de Israel, la libertad absoluta de defensa que habis dado Jess de Nazareth, esa inocente vctima de vuestras cabalas y de vuestras desesperantes injusticias! Conocera el pueblo de Israel su tribunal supremo, si le viese entender y proceder en esta causa odiosa?

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Analisis del libro El Proceso de Cristo de Ignacio Burgoa

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