EL PERSEGUIDOR JULIO CORTAZAR PDF

Las siote y cuarenta, y Juan la habia citado a las sie- te y media. El gran sonso. Otras veces se encontraban en la planta baja, al lado de la esealera, pero a lo mejor a Juan le habia dado por subir al primer piso. A menos que se le haya hecho tarde, a menos que Capitulo Il.

Author:Yole Zushicage
Country:Spain
Language:English (Spanish)
Genre:Personal Growth
Published (Last):8 October 2014
Pages:312
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ISBN:293-1-43869-297-4
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En lo que quedaba, una mezcla de gris y negro, nos hemos reconocido mejor. Un mes por lo menos. El primero, el dos, el tres, el veintiuno. Porque he perdido el saxo. Por el silencio siguiente me he dado cuenta de que ha sido tiempo perdido. Parece que Rory Friend tiene uno. Lo malo es que el contrato de Johnny… —El contrato —ha remedado Johnny—. Y en todos ellos tocaba como yo creo que solamente un dios puede tocar un saxo alto, suponiendo que hayan renunciado a las liras y a las flautas.

No es lo mismo. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Tienes fiebre, y no comes nada. Te das una idea, Bruno. Bueno, no a comprender porque la verdad es que no comprendo nada.

Me he dado cuenta de que ni siquiera tienen agua corriente en la pieza; veo una palangana con flores rosadas y una jofaina que me hace pensar en un animal embalsamado.

No a entender, porque en realidad no entiendo nada. La cabeza le suena como un coco. Esto no piensa ni entiende nada. Nunca me ha hecho falta, para decirte la verdad. Pero no es realmente entender, en eso estoy de acuerdo. Es verdad, Bruno. No soy yo, yo. Debe ser algo terrible, porque la vieja se tiraba de los pelos cada vez que el viejo hablaba de la hipoteca, y acababan a los golpes.

De pelea en pelea, casi sin comer. Como hace rato que conozco las alucinaciones de Johnny, de todos los que hacen su misma vida, lo escucho atentamente pero sin preocuparme demasiado por lo que dice.

La droga y la miseria no saben andar juntas. Y la boca se mueve otra vez, golosamente la gran lengua de Johnny recoge un chorrito de saliva de los labios. Las manos hacen un dibujo en el aire. Pero debe ser hermoso, yo siento que debe ser hermoso. Pero no, yo no me abstraigo cuando toco. Solamente que cambio de lugar. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Caben dos trajes, y dos pares de zapatos.

Pero lo mejor no es eso. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Be—bata—bop bop bop, chrrr. Lo que tiene es sed, una sed, una sed. Y unas ganas de fumar, de fumar. Sobre todo unas ganas de fumar. Siento la mano de Johnny en la rodilla. Pero me tiene harto. Hace rato que no la quiero, que no puedo sufrirla. Pero tengo que librarme de ella, volver a Nueva York.

Sobre todo tengo que volver a Nueva York, Bruno. No me refiero al trabajo sino a tu vida misma. Y al final me di cuenta. Dice que te quedes tranquilo. No era pensar, me parece que ya te he dicho muchas veces que yo no pienso nunca; estoy como parado en una esquina viendo pasar lo que pienso, pero no pienso lo que veo.

Los recuerdos son siempre un asco, pero esta vez me gustaba pensar en los chicos y verlos. La gente estaba enloquecida, y los muchachos de la orquesta me lo dijeron muchas veces. Johnny puede tocar mejor que nunca si el doctor Bernard le corta la gripe.

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